«¿Trabajáis en pareja? ¡Pero si cada una habla solo media hora!». Es un comentario frecuente, y comprensible desde fuera. Pero lo que ocurre en la cabeza de una intérprete de simultánea se parece más a un esprint mental que a una conversación.
Cuatro tareas a la vez
En interpretación simultánea, el cerebro realiza varias operaciones a la vez: escuchar y comprender el discurso entrante, memorizarlo el tiempo suficiente para reformularlo, producir la traducción en el otro idioma y controlar lo que se dice, todo ello sin dejar de escuchar lo que sigue. Y todo con un desfase de apenas unos segundos.
Los investigadores hablan de «carga cognitiva». En el laboratorio de la Universidad de Ginebra se estudia de forma experimental desde mucho antes de la pandemia (UN Today). Lo que se sabe: a partir de cierta duración, el rendimiento baja, incluso entre los más experimentados. Los errores aumentan, a menudo sin que la intérprete se dé cuenta.
Lo que aumenta la presión
- Un ritmo demasiado rápido, sobre todo cuando el orador lee un texto escrito.
- Las cifras y las enumeraciones, que saturan la memoria de trabajo.
- Un acento difícil o un orador que no habla en su lengua materna.
- Un sonido de mala calidad, que exige un esfuerzo constante para comprender.
- Lo que está en juego: una negociación tensa, un público experto, una emisión en directo.
- La falta de preparación, por no disponer de documentos.
Por qué el trabajo en pareja no es un lujo
Por todas estas razones, los intérpretes se turnan aproximadamente cada 30 minutos. Y la que no habla no descansa de verdad: sigue el discurso, anota las cifras, busca los términos y echa una mano a su colega. El trabajo en pareja garantiza una calidad constante de principio a fin de la jornada.
Mis rutinas para aguantar
Con los años, cada intérprete construye sus propias costumbres. Estas son las mías:
- Una preparación sólida: es el mejor antiestrés. Cuanto menos descubro en directo, más recursos me quedan para lo imprevisto.
- Una buena noche de sueño antes del encargo: nada sustituye al sueño para la concentración.
- Agua en la cabina y algo ligero para picar. El cerebro consume mucha energía.
- Pausas en las que desconecto de verdad: salgo de la cabina, camino, me alejo de las pantallas.
- La respiración: unas cuantas respiraciones lentas antes de tomar el micrófono calman los nervios.
- La indulgencia: los errores ocurren. Se corrigen si es necesario y se sigue adelante. Darles vueltas cuesta concentración.
- Una verdadera pausa después de los grandes encargos: deporte, naturaleza, silencio. La recuperación forma parte del oficio.
Lo que pueden hacer los organizadores
Puedes aligerar mucho esta carga: enviar los documentos con antelación, pedir a los oradores que hablen con naturalidad en lugar de leer, respetar las pausas previstas y garantizar un buen sonido. Son pequeños gestos, pero marcan toda la diferencia en la calidad de la interpretación.
En resumen
La interpretación es una profesión apasionante, pero exigente para el cerebro. El trabajo en pareja, las pausas y las condiciones técnicas no son caprichos: son las condiciones de una interpretación fiable. Cuando se respetan, tus participantes son los primeros en beneficiarse.
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