Cuando contratas a una intérprete, le confías mucho más que palabras. Le confías tus estrategias, tus cifras, a veces tus desacuerdos. Esa confianza descansa sobre una base: la deontología.
Las grandes asociaciones profesionales han formalizado estas reglas. La más conocida, la AIIC (Asociación Internacional de Intérpretes de Conferencia), dispone desde su fundación en 1953 de un código de ética profesional que sus miembros se comprometen a respetar (AIIC). Estos son los principios esenciales, que se aplican mucho más allá de los miembros de una asociación.
1. El secreto profesional, absoluto
Es la regla número uno. El código de la AIIC exige a sus miembros el secreto más estricto sobre todo lo que conozcan en reuniones no abiertas al público (código de la AIIC). Esto vale frente a todo el mundo: familia, amigos, colegas ajenos al encargo y redes sociales.
En la práctica: nada de fotos de la sala, nada de nombres de clientes en LinkedIn sin autorización, nada de anécdotas, ni siquiera anonimizadas, que permitan identificar una reunión. Y nada de documentos confidenciales en una herramienta en línea no segura.
2. La fidelidad al mensaje
La intérprete transmite todo el mensaje y nada más que el mensaje. No añade nada, no omite nada, no suaviza una afirmación que le parece demasiado dura ni «corrige» a un orador que se equivoca. Fidelidad no significa palabra por palabra: se trata de transmitir el sentido, el tono y la intención.
3. La neutralidad y la imparcialidad
La intérprete no toma partido. Presta su voz a cada orador con el mismo cuidado, comparta o no sus opiniones. No da consejos, no interviene en el debate y no utiliza su posición para influir en el intercambio.
4. No aceptar un encargo para el que no se está capacitada
Una intérprete honesta rechaza un encargo si no domina lo suficiente un idioma o un tema, o si las condiciones no le permiten trabajar correctamente. Más vale declinar, o remitir al cliente a una colega, que prestar un servicio de mala calidad.
5. Evitar los conflictos de intereses
Interpretar para dos partes competidoras en una misma negociación, o utilizar información oída durante un encargo en beneficio propio (una inversión en bolsa, por ejemplo), está descartado. En caso de duda, la transparencia con el cliente es obligada.
6. Exigir condiciones de trabajo adecuadas
Este punto sorprende a veces, pero forma parte de la deontología. Una intérprete no trabaja sola en simultánea durante toda una jornada, ni con un sonido de mala calidad. No es un capricho: es la condición para garantizar la calidad del servicio y para proteger su salud. El código de la AIIC prohíbe incluso a sus miembros aceptar condiciones contrarias a sus normas profesionales.
Por qué te importa a ti, como cliente
Estas reglas no son una formalidad. Garantizan que tu información está protegida, que tu mensaje llega intacto y que tu interlocutor te oye de verdad, y no una versión retocada. Antes de elegir intérprete, no dudes en preguntarle a qué código se adhiere y cómo gestiona la confidencialidad. Su respuesta dirá mucho.
¿Necesitas una intérprete para una reunión delicada? Puedo firmar un acuerdo de confidencialidad específico. Hablemos.



